La Hospitalidad


 
La hospitalidad es una característica muy importante para cada creyente, pero especialmente para una persona que está trabajando en el servicio del Señor. La hospitalidad es la “cualidad de hospitalario, acogedor”. Dios quiere que Sus hijos muestren  hospitalidad a otros. Romanos 12:13 manda al Cristiano ir “practicando hospitalidad”. Cuando practicamos la hospitalidad, estamos cumpliendo con el amar al mundo sin Cristo y con el mandamiento de amarnos unos a otros. Practicar la hospitalidad molesta la vida personal y privada de la persona que lo ejerce, pero Dios nos manda practicar la hospitalidad. Abajo están anotados algunos pasos Bíblicos para ayudar al obrero de Dios a mejorar y practicar la hospitalidad:


1.    Dios quiere que practiquemos la hospitalidad los unos con los otros “sin murmuración” – I Pedro 4:9-10
Dios si quiere que ayudemos, que demos una mano y practiquemos la hospitalidad hacia otros, pero Dios quiere que lo hagamos con una buena actitud, sin murmurar. 

En III Juan vs. 5 habla de prestar “algún servicio a los hermanos”. Veremos varios ejemplos Bíblicos de creyentes que prestaron servicios a otros: el aposento que fue hecho para Eliseo (II Reyes 4:10-11) y el matrimonio que ayudó a Apolos (Hechos 18:24-26). Hoy también podemos mostrar hospitalidad prestando servicios a otros (usando el auto para llevar a alguien a la iglesia, usando la casa para invitar a comer y compartir tiempo con alguien, usando nuestro dinero para ayudar a otras familias, … y mucho mas). Dios quiere que mostremos la hospitalidad, pero quiere que lo hagamos “sin murmuración”.


2.    Recuerda que la Hospitalidad es dar en el nombre del Señor y trae recompensa – Marcos 9:41
Cuando la viuda de Sarepta dio lo último de su aceite y harina a Elías (I Reyes 17), en sí estaba dando a Dios… y al final de la historia Dios la bendijo. Y cuando el obrero practica hospitalidad hacia otras personas, Dios lo ve.

En Hechos 20:35, Pablo nos hace recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: “Más bienaventurado es dar que recibir”.  Dando de tu tiempo, bienes, materiales, consejo o ayuda no es un mal gasto de tiempo sino una inversión en la vida de otro.

En Mateo 25:35-36 y 40, se nos recuerda que dando de comer, dando de beber y ayudando a uno de los hijos de Dios, lo estamos haciendo como si fuera a Dios mismo. Aunque es bueno recibir recompensas, es suficiente saber que estamos obedeciendo y agradando a nuestro Dios cuando practicamos la hospitalidad.


3.    Estamos avisados y ordenados: “no olvides la hospitalidad” (Hebreos 13:2)
Debemos de aprender a cómo tratar y hospedar a la gente.  Creo que perdimos muchas bendiciones porque no sabemos cómo ser de bendición a otras personas. 

Si alguien está visitando la iglesia, le debemos saludar con una sonrisa y amor Cristiano, le debemos mostrar dónde se puede sentar, dónde está el baño, presentarle al pastor y a otras personas, sentarnos a su lado, ayudarle a encontrar los pasajes Bíblicos y hacer lo que sea necesario para que el visitante esté cómodo.  Mostrar, practicar y no olvidar la hospitalidad es muy importante en la vida del obrero de Dios. En la iglesia, casa, trabajo y calle, el obrero de Dios no debe olvidarse de la hospitalidad.

En II Corintios 8:12-14, se nos enseña que nuestra abundancia suple la necesidad de los santos. El auto que Dios me dio, la casa que Dios me dio, el dinero que Dios me dio, los talentos que Dios me dio y todo lo que tengo, son instrumentos que Dios me dio para mostrar y practicar la hospitalidad. Que Dios nos ayude a no tener una actitud de no querer ayudar y ser de bendición a otros – ¡no olvides la hospitalidad!




Para Servir,
Jeffrey Bush

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