lunes, 26 de febrero de 2018

Relacionándonos con los Demás

La vida consiste de relaciones – amigos, familiares, el matrimonio, trabajo, estudios, iglesia… y aun los enemigos. Mucho de nuestro éxito y fracaso depende en cómo nos relacionamos con los demás.
Por ejemplo: muchos pierden un trabajo por no saber relacionarse con la gente, muchos matrimonios terminan mal por no saber relacionarse y aun hay gente que no se habla con sus padres o primos o parientes por no saber relacionarse bien con los demás.
Hay pastores que dejan una iglesia por problemas con la gente pero cuando llega a la siguiente iglesia, enfrenta los mismos problemas. Hay gente que deja el barrio, solo para encontrar problemas en el siguiente barrio. Hay gente que deja un trabajo, una iglesia, una escuela, un club, etc., sólo para encontrar que tiene los mismos problemas en su siguiente destino.
Cuando uno piensa en servir al Rey de Reyes y Señor de Señores, tiene gozo de poder servir a Dios – pero de lo que no se da cuenta es que el servir a Dios es trabajar con gente. Estaría lindo trabajar por Dios pero no tener que trabajar con la gente, pero sin la gente no hay ministerio.
Hay gente que parece que siempre está animada y hay otros que parece que siempre estan desanimados. Hay gente que es paciente y gente que se enoja fácilmente. Hay gente que está contenta con lo que tiene y hay gente que parece que nunca está contenta. Hay gente de buen humor y hay gente de mal humor,… hay un poco de todo en la viña del Señor.  Si hay de todo estilo de gente, y si el servir a Dios significa trabajar con otros, quiere decir que tenemos que aprender a cómo relacionarnos con los demás.
Quiero presentarte unos principios Bíblicos que nos ayudarán a relacionarnos mejor con los demás:

Preferir a Otros antes que a Ti Mismo – Romanos 12:10

Preferir a otros antes que a mi mismo no es fácil, pero es Bíblico, es correcto y es la mejor manera. Preferir a otros, o poner a otros primero, es visto claramente en la vida de nuestro Señor. Si la vida de nuestro Señor hubiera sido pensar en su propia comodidad, nunca hubiera ido a la cruz … pero puso primero a Su Padre y después a nosotros y entregó Su propia vida por nosotros.
La Biblia habla de amar el uno al otro, servir el uno al otro, exhortar uno al otro y animar uno al otro. Hay varios mandatos que nuestro Señor nos dio en el ministerio del “uno al otro”, y la idea siempre es de poner al otro primero.
Siempre debes poner a los demás primero – si, prefieres a otros antes que a ti mismo, salvarás amistades y muchas otras relaciones en la vida.

Aprender a Morirte a Ti Mismo – I Corintios 15:31; Gálatas 2:20

No siempre tienes que tener la razón. No siempre tienes que tener el mejor argumento. La persona sabia sabe cerrar su boca y dejar a la otra persona tener razón.
El apóstol Pablo dijo en I Corintios 6:7, cuando los Corintos querían llevar a sus hermanos a la ley por un problema, que deberían mejor sufrir el agravio y ser defraudados. Parece que enseña que en lugar de reaccionar, debemos dejarles a los otros pisotearnos.
Francamente duele mucho ser defraudado, pero si es por la causa de Cristo… vale la pena. A veces decimos, “Pero yo si tengo razón… el otro está mintiendo, etc.”, pero por más que uno tenga la razón, veamos el principio Bíblico de morirse a si mismo.
Cristo fue acusado falsamente por autoridades perversas, pero Cristo quedó en silencio.
Cristo nos enseña a tomar nuestra cruz, negarnos a nosotros mismos y seguirle – pero la mayoría de las veces queremos seguir a Cristo sin tener que negarnos a nosotros mismos. Amigo, si vas a seguir a Cristo, ¡TIENES QUE negarte a ti mismo!

No Dejar Entrar el Orgullo

Las palabras “perdóname” o “me equivoqué” o “si, no fue correcto lo que hice”, me cuesta decir, pero si no lo digo, sutilmente estará entrando el orgullo. Todos sabemos que el orgullo destruye (destruyó a Lucero, Nabucodonosor, Herodes y otros) y si queremos relacionarnos bien con los demás, no podemos dejar entrar el orgullo en nuestras vidas.
Si soy bueno en algo, es en equivocarme, pero cuando alguien me dice que me equivoqué, soy rápido para apuntar sus errores o justificarme o … cualquier cosa menos el admitirlo – pero estas reacciones nacen de mi orgullo. Cuando me equivoco, lo mejor que debo hacer es admitirlo, pedir perdón si es necesario y no dejar entrar el orgullo.

No Guardar Rencor

Si no perdono a alguien, pronto responderé con odio… y poco después afectará mi vida espiritual.  Cuando guardo rencor, no solo afecta mi relación con los demás, ¡también afecta mi relación con Dios!
Mateo 5:23-24 y 6:14-16 nos enseña que si no perdonamos a otros, Dios tampoco nos perdonará a nosotros. Amigos, Dios es el vengador, El se encargará de la venganza – mi parte es perdonar y seguir adelante.
Si alguien nos preguntara si queremos servir a Dios, seguro que todos alzaríamos las dos manos, pero si alguien nos preguntara si queremos trabajar con gente, lo pensaríamos bien. El asunto es que no podemos dividir los dos – el servir a Dios es ministrar a la gente. Si podríamos entender esta verdad, nos ayudaría a ver la necesidad de aprender a relacionarnos con los demás. Cada obrero de Dios debe ser sabio y seguir los principios Bíblicos para relacionarse mejor con la gente que Dios puso en su cuidado.

Que hacer con los que te hacen daño

Cualquier persona que ha vivido un poco de tiempo ha sido dañada por otros. Ya sea intencionalmente o sin querer, todos hemos sido dañado por otros. Puesto que sabemos que el ser dañado o lastimado es parte de la vida, debemos recordar que lo importante es cómo reaccionamos al ser dañados. Debemos aprender lo que Dios opina en cuanto que hacer con las personas que nos hacen daño.
Presento unas ideas de cuál debe ser la reacción del creyente cuando es dañado por otra persona:

Arreglar nuestra propia Actitud

Romanos 12:18 nos enseña que “en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres”. No solo enseña que debo estar en paz con todos los hombres, sino que dice “en cuanto dependa de vosotros”. No puedo forzar a nadie a quererme o estar en paz conmigo, pero sí puedo estar en paz con los demás. Bíblicamente parece que el estar en paz con otros depende más de mí que de la otra persona. Romanos 14:19 me enseña a seguir “lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación”.  Debo estar más interesado en mi propia actitud que en la actitud o las acciones de otro. Dios me manda a hacer lo correcto a pesar de que el otro no me trate bien.
Aun Dios me advierte de no guardar rencor (Levítico 19:18). El rencor, amargura y odio solo lastima a la persona que lo posee. El rencor es como un cáncer y me terminará destruyendo si lo tengo. No puedo cambiar lo que otro piensa de mi o me ha hecho, pero si puedo cuidar mi propia actitud y asegurarme de que estoy bien con Dios y con la persona.

Amarle

En Mateo 5:43-48, vemos que Cristo está enseñando sobre la relación con los demás. Cristo se refiere al “pensamiento común” de amar a tu prójimo y aborrecer a tu enemigo, pero lo refuta diciendo que debemos amar a nuestros enemigos, bendecir a los que nos maldicen, hacer bien a los que nos aborrecen, y orar por los que nos ultrajan y nos persiguen. Cuando alguien me hace mal, lo primero que viene a mi mente no es “amor”. Francamente quiero orar por la persona… pero orar para que Dios le castigue y le haga sufrir. Dios me enseña a hacer bien, orar y amar a los que me hacen daño. Lamentablemente, no puedo dar testimonio que cumplo con esto… pero como obrero de Dios debo aprender a amar a los que me hacen daño. El “ojo por ojo, diente por diente” no es lo que Dios nos manda. La ley mandaba ojo por ojo diente por diente, pero la gracia manda algo nuevo, manda amarle en vez de buscar venganza.
El diablo gana mucho terreno cuando nos enojamos y odiamos en vez de amar. No debemos olvidar que Dios aborrece la discordia entre los hermanos (Proverbios 6:16-19). Dios quiere unión, no división. Si no puedo amar a mi hermano a quien veo, ¿cómo puedo amar a Dios a quien no veo? (I Juan 4:20)

Ayudarle

En Éxodo 23:5 nos enseña “Si vieres el asno del que te aborrece caído debajo de su carga, ¿le dejarás sin ayuda? Antes bien le ayudarás a levantarlo.” Si la persona que te lastimó está en necesidad, no es el momento de reírte, sino es una oportunidad de ayudar. Puedo ayudar de muchas maneras, aun económicamente (Romanos 12:20; Pr. 25:21-22).
Debemos aprender a tratar a otro como quisiera que me traten a mí (Mateo 7:12, Proverbios 24:29). Un día voy a necesitar que otro me ayude, pero si quiero que otro me ayude, debo ayudar a otros. Dios me habla de ayudar a otros… pero especialmente a los que me han dañado.

Anticipar lo que Dios va a Hacer

Cuando alguien me daña, lo último que pienso es en lo que Dios quiere hacer en mi vida. Dios me enseña no buscar venganza, mas bien dejar “lugar a la ira de Dios” (Romanos 12:19). En Proverbios 20:22 también nos enseña a no vengarnos, nos dice “Espera a Jehová, y él te salvará”. Cuando alguien me hace daño, Dios quiere que le dé lugar a él y que espere en Él – debo anticipar lo que Dios va a hacer.
Dios quiere moldearnos y formarnos a Su imagen… y si quiere usar a otras personas, debo aceptarlo en vez de quejarme. La próxima vez que alguien te dañe… piensa en lo que Dios puede hacer y date cuenta que Dios sabe lo que está sucediendo y puede obrar a pesar que parezca fea la situación.

¿Pastor o Policía?

Quizá te suene raro el título o directamente no le encuentres sentido, pero al final de este artículo creo que le encontrarás sentido. La idea “¿Pastor o Policía?” viene del fracaso en mi propia vida y espero que la verdad escrita en este artículo pueda ser de ayuda para mis hermanos colaboradores en el ministerio.

Cuando empezamos nuestra primera iglesia, pensé que tenía que ayuda a la gente a que viva para Dios … llegué al punto de pensar que era mi responsabilidad saber cada detalle de la vida de la gente. A mi vergüenza, me metí demasiado en la vida privada de muchas personas pensando que tenía que ayudarles a vivir para Dios en su vida privada. Aunque cuando es Bíblico que una persona viva para Dios tanto en el aspecto privado como el público, también entiendo (ahora) que la decisión está entre Dios y la persona.  Por mas que predique o enseñe la Biblia, si una persona no quiere hacer lo correcto … no lo va a hacer.

Recuerdo una situación en que estaba hablando con dos personas de la iglesia y en medio de mi consejo, una de las personas me dijo “no te metas en nuestras vidas”. No me acuerdo cada palabra de la conversación, pero cuando me dijo esto, sentí que un camión me cayó encima. Quería ayudar, quería lo mejor para sus vidas, quería que vivan santos para Dios,… pero esos eran mis deseos y no sus deseos. Fue así que a causa de esta y otras situaciones similares encontré una gran verdad. Yo, como pastor y obrero de Dios, tenía y tengo la responsabilidad de amarles y guiarles, pero no de manejar sus vidas. Soy pastor, no policía.

Iº Pedro 5:2 y 3 nos enseña a apacentar la grey de Dios, cuidando de ella, pero nos dice cómo hacerlo: “no por fuerza, sino voluntariamente… sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey.” En pocas palabras, creo que es mi responsabilidad cuidar, guiar, amar, enseñar y predicarles, pero no forzándoles, sino mostrándoles mediante mi ejemplo. Por supuesto, creo, que vendrá el momento de corregir o reprender, pero siempre debe ser con amor. El hecho es que puedo enseñar a la gente, pero no puedo vivir sus vidas.

Me duele ver que muchos seguirán en sus pecados o caminos equivocados, pero como obrero de Dios es mi responsabilidad avisar y advertirles, no forzarles a que cambien. Para muchos, suena normal, pero esta verdad me costó y me cuesta mucho. Siendo que muchos no leen la Biblia diariamente o no buscan caminar con Dios, no saben que su desobediencia a los mandatos de Dios les traerá graves consecuencias, pero como pastor tengo que avisarles, no buscar vivir sus vidas. No soy un policía espiritual, soy un siervo de Dios avisándoles que si no arreglan sus vidas, sufrirán las consecuencias mas adelante.

El entender la verdad de ser pastor y no policía, me ayudó en muchas maneras en mi propia vida:
  1. Vivir con Dios es una Decisión Individual – cada uno se parará delante de Dios y dará a Dios cuenta de sí – Romanos 14:12
    • Si uno cambia por mi persona, su decisión no será firme. Es mejor que yo predique y que Dios cambie sus vidas.
  1. Debo ser de Ejemplo
    • Iº Pedro 5:2 dice, “no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey”. Mas que un aviso a la gente de la iglesia, creo que el aviso cae mas al obrero de Dios: “no les mandes, mas bien muéstrales por el ejemplo en tu vida”.
    • Hebreos 13:7 habla de que la gente imite la fe del pastor porque vieron el resultado de su conducta.  Si no puedo ser de ejemplo en mi vida, matrimonio y familia, no tengo derecho de predicarlo… y mucho menos intentar ser policía y decirles que cambien sus propias vidas. La gente quiere ver las acciones, no las palabras.
Que Dios nos ayude a ser Obreros de Dios que amen a El y a Su pueblo como corresponde. Y en vez de querer manejar sus vidas, seamos ejemplos de servicio a Dios, de tal manera que ellos quieran seguir nuestro ejemplo.

El Obrero y el Ministerio Radial

Vivimos en un tiempo de muchos avances tecnológicos y como obreros de Dios tenemos que ser “prudentes como serpientes” (Mateo 10:16) y aprovechar lo mas posible la tecnología. Aunque quisiera compartir más sobre la idea de la radio, al mismo tiempo quiero decir que se puede usar la tecnología sabiamente sin tener que gastar mucho dinero. Hay lugares en Internet gratis donde se pueden grabar los mensajes predicados, donde se puede publicar tu iglesia gratis, donde se puede tener un blog para el crecimiento de otros, etc. Cada obrero de Dios puede usar la tecnología sabiamente para el bien del ministerio que Dios te dio.
Sobre todo quiero compartir unas ideas, ventajas y bendiciones recibidas por medio del ministerio radial. Si buscas en tu zona, seguro que encontrarás oportunidades para estar en la radio – ya sea 10 minutos por día, una hora por semana, media hora cada tarde o lo que sea.  Por supuesto que costará algo, pero el costo mayor es el trabajo que requiere para preparar las lecciones o estudios para la radio.
El resto de este artículo te hablará de las ventajas de tener un ministerio radial:
  1. Aún cuando se pueda repartir cientos de folletos, la radio te permitirá entrar en miles de casas de personas que probablemente nunca leerán un folleto.
  1. Aún cuando tu iglesia quizá no llegue a mil personas en asistencia, con la radio puedes invitar gente a la iglesia de una manera más grande que con un volante, cartel o invitación.
  1. Usando la radio, el Evangelio puede ser escuchado por gente que no podría llegar a la iglesia en micro, tren, etc. Si la ciudad en que trabajas es grande, probablemente haya gente que tendría que tomar dos micros para llegar a tu iglesia, pero con la radio estás predicando en la sala de su casa.
  1. Los Cristianos que están enfermos, discapacitados o tienen problemas físicos que no les permiten llegar a la iglesia, con tu programa en la radio, pueden escuchar para seguir creciendo y aprendiendo mas en su vida espiritual.
  1. Personas que están alejadas del Señor pueden escuchar la Palabra de Dios vía radio y esto les puede hacer volver al camino.
  1. Personas que estén buscando una iglesia con sana doctrina pueden escuchar la radio y empezar a congregarse.
  1. Por medio de la radio, la iglesia busca evangelizar su ciudad y cumple así lo que es su razón de existencia – la Gran Comisión!
  1. Por medio de la radio, el obrero de Dios puede darse cuenta que Dios puede hacer cosas mas grandes que las que se puedan imaginar!

Todos Son Voluntarios

Para un obrero de Dios, una de sus preocupaciones son “¿quién me va a ayudar? Todos queremos ayuda en el ministerio donde estamos sirviendo y anhelamos el día en que podamos tener una secretaria, asistentes y otros ayudándonos para hacer mas ministerio.

Antes yo diferenciaba o categorizaba a la gente involucrada en el ministerio como voluntarios o personal/empleados (gente pagada para hacer el trabajo). Mi pensamiento era que la gente pagada (como secretaria, asistente, etc.) si o si tenía que hacer el trabajo y los “voluntarios” ayudaban si querían y no ayudaban si no querían. Pero estoy convencido ahora que todos son voluntarios – los que reciben sueldo o no.  Quiero presentarte algunas ideas y hacerte pensar… y creo que al final estarás de acuerdo conmigo que todos son voluntarios.

Todos trabajamos porque queremos, porque nos gusta.
Gracias a Dios que las iglesias pueden crecer para estar en condiciones, para tener personas trabajando con sueldo, pero la franca verdad es que si esperamos hasta el momento en que haya gente trabajando con sueldo, quizá pase mucho tiempo. Pero para serte honesto, aun la gente que recibe sueldo para hacer algo de igual manera está trabajando porque quiere, no porque se le pagado para hacerlo.

Podemos decir que la gente que trabaja en cualquier ministerio de la iglesia (pagado o no pagado), es porque quiere hacerlo… son todos voluntarios. Si nos damos cuenta de esto, nos ayudará en el trato con la gente. Por supuesto que ponemos y debemos poner requisitos (recordando que la obra mas importante en el mundo es la obra del Señor), pero al mismo tiempo es importante recordar que todos los que ayudan son voluntarios – trabajan o ayudan porque quieren. Ya sea la persona que limpia una silla, pone los cancioneros, barre el piso, etc., es importante recordar que lo hace porque le gusta hacerlo. Cuando realmente entiendo esto, me va a ayudar saber que tengo que animar a la persona en vez de mandar a la persona. Nadie hace todo como el otro quiere o espera, pero antes de enojarnos es importante que recordemos que es un voluntario.

Ponte en los zapatos de un voluntario. Estás haciendo algo porque amas a Dios y viene otra persona y te dice, “no lo hagas así” o “donde estabas tal día”, etc… no responderías en tu mente diciendo, “yo hago lo que hago porque quiero y si no te gusta buscate a alguien mas”.

Aun la persona que recibe sueldo de la iglesia igual es un voluntario porque lo que él/ella hace es porque lo quiere hacer, no porque se le pague para hacerlo.

Si tratamos a todos como voluntarios, quizá habría mas ganas o mas personas trabajando. Nuestro gran problema siempre es, “no hay obreros”. Aunque sí es un problema, podría ser menos problema si aprenderíamos a tratar a todos con aprecio y agradecimiento en vez de mandarles a que hagan mejor en su área. Nadie en el trabajo quiere un patrón que sea mandón o ingrato… y tampoco nadie quiere en la iglesia a alguien que mande o que no aprecie su trabajo.

Que Dios nos ayude a recodar como obreros que debemos animar mucho mas y no mandar tanto. Quizá habría más obreros o durarían más tiempo si les tratamos como voluntarios y les amamos y agradecemos.