viernes, 21 de octubre de 2011

La Prédica/Enseñanza #7


Cuando hablamos del desarrollo de un mensaje o lección, es importante hablar del uso de la voz y el cuerpo. Por su puesto es importante estudiar y tener buena información en el mensaje o lección, pero si no usamos correctamente nuestra voz y cuerpo en el desarollo, tal vez el mensaje no será recibido bien.

La voz es el vehículo para entregar el mensaje – del corazón del predicador al corazón del oyente. La voz no debe ser molestosa a los oídos de los oyentes o pronto te apagarán. Una de las maneras en que la voz puede lastimar el mensaje es usandola en  extremos: hablar demasiado fuerte o demasiado bajo; hablar monótono o rápido. Carlos Spurgeon dijo, “Hay hermanos en el ministerio que tienen una manera de hablar que es intolerable. Te hacen enojar o te hacen dormir.”

Aunque la mayoría de nosotros no tenemos una voz de cantante o locutor, igual podemos aprender a usar nuestra voz para que el mensaje sea  bien recibido. Hay momentos para poner énfasis en ciertas palabras o puntos y otros momentos para hablar normal, hay momentos para levantar la voz y otros momentos para bajarla. Un ensayo en privado antes de subir a predicar o enseñar hará mucho bien al predicador o maestro. En ninguna manera queremos ser falsos o buscar ser nada mas que actores, pero al mismo tiempo podemos aprender mucho de un actor y usar la voz para dar el énfasis adecuado en el tiempo adecuado.

El cuerpo también es muy importante saberlo usar en el desarrollo de un mensaje/lección. El cuerpo tiene su propio lenguaje y debemos aprender usandolo. ¿Hablaste una vez con alguien que te miraba con los brazos cruzados o los hombros caidos mostrando que no tiene tanto interés en lo que estás diciendo? Sin abrir la boca, el cuerpo puede comunicar que una persona está enojada, contenta, cansada, aburrida, enferma o desinteresada. Y cuando una persona se para delante de un grupo para predicar o enseñar, es muy importante que entienda que la gente puede leer y entender el lenguaje de su cuerpo. El apoyarse en el púlpilto, esconderse tras el púlpito, mirar a la pared en lugar de mirar a la gente o no tener buena postura, muestra que el predicador no está tan interesado en su mensaje o en las personas escuchandolo.  Leí una vez que el predicador debe ser como un león dando vueltas y no como una tortuga que esconde las patas y la cabeza.

El predicador o maestro sería muy sabio al aprender a usar las manos, los ojos y todo el lenguaje del cuerpo que podrian agregar mucho a su mensaje o lección.

La voz y el cuerpo son herramientas dadas por Dios que cada predicador y maestro tiene – y el practicar para mejorar su uso puede hacer mas interesante y mejor recibido el mensaje.



Para Servir,
Jeffrey Bush

jueves, 20 de octubre de 2011

La Prédica/Enseñanza #6



Hoy mencionamos algo que todos respetamos pero no siempre cumplimos… en cuanto a la duración del mensaje/lección. Todos entendemos que la duración de un mensaje/lección no debe ser 3 horas, especialmente cuando estamos sentados escuchando a alguien … pero aveces cuando nos toca a nosotros predicar o enseñar, olvidamos la importancia de la duración del tiempo.

Personalmente aprendí sobre la duración del tiempo de 2 personas.  La primera persona que me habló y enseñó sobre cuidar el tiempo en el púlpito es el hno. Guillermo Gardner. Me dijo que como misionero, visitando varias iglesias, yo tendría que aprender a respetar el tiempo que el pastor me diera para dar un testimonio o predicar en la iglesia. Aveces el pastor me daría 45 minutos, pero lo mas frecuente es que el pastor me diera de 10, 5 o 3 minutos. En cada oportunidad yo tenía que respetar y aprender a ajustar mi mensaje al tiempo que me fue dado. Aunque no te parezca, se puede decir mucho en 10 minutos si estás preparado.  La segunda persona que me enseñó sobre la duración del tiempo es el Pastor Hill, el pastor de la iglesia en la que mi esposa se crió. El Pastor Hill dice que la mente no capta lo que el trasero no aguanta.  Perdón por la franqueza de la expresión pero si podríamos entender la verdad del dicho, nos ayudaría mucho. Todos hemos estado sentados pensando, “que termine por favor”.  Si estamos incómodos o cansados, afectará lo que recibimos.

Por nada quiero ir al extremo diciendo que no debemos predicar … Dios usa la prédica de Su Palabra (I Corintios 1:18). Lo que quiero decir es que si preparamos bien nuestra lección/mensaje, después podemos desarrollarlo en un tiempo prudente. La televisión ha hecho que la mente humana no se puede sentar por mucho tiempo sin tener subidas y bajadas emocionales. O sea, en una película, tienen que usar suspenso, humor, etc cada cierto minuto o perderá la atención de la gente. Aunque todos podemos leer como en los 1800’s sentaron por horas escuchando a Carlos Spurgeon y otros, la televisión dificultó todo para nuestra edad. No podemos competir con la televisión, pero si podemos aprender algo – de interesar a los oyentes con el mensaje y no aburrirlos.

Aunque no hay un tiempo determinado perfecto para la prédica, estamos seguros en decir que es mejor terminar la prédica/lección y que la gente quede con ganas de seguir escuchando en lugar de que todos quieran que te calles y no sigas. Un gran predicador dijo que el mensaje debe terminar cuando esté en un punto alto y quieran escuchar mas, y no parecer que dijiste todo y no tienes mas que decir. La falta de entender o respetar el tiempo en una prédica/lección puede resultar en desastre total. Como obreros de Dios, debemos recordar que podemos desarrollar la prédica/lección respetando el tiempo e impactando vidas con verdades que ayudan.



Para Servir,
Jeffrey Bush

viernes, 14 de octubre de 2011

La Prédica/Enseñanza #5



En esta lección veremos una parte crucial e importante del mensaje, la Aplicación. Fue dicho que hay tres puntos en cada mensaje: #1. Aplicación   #2. Aplicación y   #3. Aplicación.

La aplicación no es parte del mensaje, es esencial para el mensaje. La aplicación es comparado a la manija de un balde: si el balde está lleno de agua, la manera mas práctica de levantarlo es por medio de la manija – y en la misma manera, la prédica o lección puede ser llena de información, pero si no tiene la “manija” (la apliación) en donde los oyentes pueden agarrar para llevarlo a casa, no les sirvió el mensaje.

Mi mentor (Guillermo Gardner), siempre dijo que cada verdadero creyente quiere servir a Dios, solo tiene la necesidad de saber por qué debe servir a Dios y cómo hacerlo.  Cuando predicamos o enseñamos la Biblia, estamos mostrando a la gente el por que, pero también es necesario que les enseñemos el cómo hacerlo.  Fue dicho que la Instrucción sin Explicación y/o Aplicación trae Frustración. Soy muy culpable de haber predicado mensajes para que las personas  hagan ciertas cosas, pero lamentablamente les frustré porque no les mostré como aplicarlo a sus vidas.

Cada mensaje o lección debe tener una aplicación.  Hay muchas formas de predicar y enseñar y aunque hay varian  opiniones, creo que cualquier forma de enseñanza de como servir y vivir para Dios es bueno.  Tal vez antes de pensar en  los 3 o 5 o 7 puntos del mensaje, debemos pensar en como la gente puede aplicar el mensaje que estamos publicando. En Josué 1:8, justamente antes que Jehová hablara de hacer prosperar tu camino, dijo que el Libro de la ley es “para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito”. Nuestro Dios no solo quiere que seamos oidores, sino hacedores (Santiago 1:22). No es suficiente simplemente leer y saber de lo que dice Dios, sino hacer lo que dice Dios. Aunque todos estaremos de acuerdo con estos pasajes declarando que Dios quiere que apliquemos Su Palabra, debemos recordar que los que enseñan y predican la Biblia deben transmitir cómo aplicar la enseñanza.

Hay muchas opiniones de como debe ser la estructura de un mensaje o lección, pero la mayoría está de acuerdo que mas que el 50% del mensaje debe ser aplicación.  Entonces la próxima vez que nos sentemos para preparar una lección o mensaje, nos debemos preguntar, ¿Cómo pueden los oyentes aplicar este mensaje a sus vidas? Que Dios nos ayude a animar a los oyentes y no a frustrar a los oyentes … hacerles saber y entender como aplicar el mensaje y como servir mejor a Dios.




Para Servir,
Jeffrey Bush

martes, 11 de octubre de 2011

La Prédica/Enseñanza #4


El siguiente paso que veremos sobre el desarrollo de una lección, es la actitud en que presentamos la lección o el mensaje. La actitud correcta y Bíblica en que debemos vivir y presentar el mensaje debe ser de Humilidad.  Por mas que el predicador tiene buena información, ha estudiado mucho, usa ilustraciones y palabras lindas, si no lo presenta con humildad, es muy probable que el oyente estara desinteresado. Todos hemos visto una entravista de un famoso deportista, actor o cantante y cuando se le estuvo preguntado algo, contestaba con orgullo y soberbia.  Cuando un famoso contesta con soberbia, la anticipación y afecto de los oyentes hacia el famoso está pulverizada. Y amigo, solo porque una persona se para delante de un grupo enseñando la Biblia, no da derecho el enseñarlo o predicarlo con una actitud de soberbia.

Mas que el predicador sabe (por sus estudios, experiencias o posición), con mas razón debe actuar y presentarse con humildad. La humildad es la actitud de no ponerse sobre otros o pensar que eres mejor o sabes más que otros. Antes de decir, “Cristo habló duro a sus oyentes”, debemos recordar dos cosas importantes: #1, Cristo habló fuerte a los religiosos que en sí eran hipócritas y #2, no eres Cristo.  Si miramos a la vida de nuestro Señor, Él amó, tuvo compasión y estuvo con los pecadores y Él mismo “estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo” (Philippians 2:8).

Recordemos que “Dios resiste a los soberbios, Y da gracia a los humildes (I Pedro 5:5). Aunque todos estamos de acuerdo que Dios no quiere que actuemos en una manera soberbia, aveces somos culpables de pensar que podemos actuar así en el púlpito. Cuando enseñamos o predicamos la Biblia, estamos transmitiendo las nuevas mas importantes en el mundo, estamos hablando en un sentido de parte de Dios – y el desarrollo debe ser hecho con humildad. Las personas que están escuchando necesitan escuchar la enseñanza Bíblica y también verla vivida. Es importante que el predicador o maestro enseñe con amor, con compasión ... con humildad. 

Soy culpable de haber lastimado a personas del púlpito, pero no creo que es excusa para decir “si se ofenden, se ofenden”. Entiendo que no todos van a recibir las enseñanzas de Dios, pero no hay excusa que lo rechazen por la actitud del predicador. Que Dios me ayude, nos ayude a predicar con humildad, amando a la gente y rogando que Dios obre en sus vidas.  No soy digno, no somos dignos de poder pararnos delante de otros con el Libro de libros … y que sea lejos de nosotros el presentarlo en una forma soberbia. Todos estamos aprendiendo, no hemos llegado aun. El predicador o maestro no tiene derecho de “pegar sobre la cabeza” a los oyentes con la lección, mas bien debe recordar que todos necesitamos la misericordia de Dios y todos seguimos creciendo en Él. En lo personal, Dios me ha sido paciente, me ha amado incondicionalmente y me ha dado inumerables oportunidades … y que Dios me ayude a pararme delante de otros con la misma actitud de amor. Que el predicador nunca sea de obstáculo desarrollando la enseñanza o prédica en una manera soberbia, sino parandose siempre con humildad delante de los oyentes.



Para Servir,
Jeffrey Bush

lunes, 10 de octubre de 2011

La Prédica/Enseñanza #3



En el desarrollo de una lección, es de mucha ayuda usar ilustraciones. Una ilustración es la herramienta que abre el entendimiento del oyente. Nuestro Señor Jesucristo habló de una casa edificada sobre arena, un sembrador, un pescador, el Cristiano como luz, el Cristiano como embajador, etc. Muchas parábolas o historias reales eran ilustraciones para ayudar a la gente a entender la importancia de lo que estuvo diciendo. Las ilustraciones del Señor captaban y abrían el entendimiento del oyente. Sus mensajes no eran solo ilustraciones, pero las ilustraciones eran como luz entrando en un cuarto oscuro.

Carlos Spurgeon dijo que la ilustración es comparada a una ventana en la casa. Una casa sin ventanas es una casa oscura, pero una casa sólo hecha de ventanas es una casa sin estabilidad. La ilustración usada correctamente en una lección o mensaje es como permitir a la luz del entendimiento entrar en la mente del oyente.  Aveces la ilustración despierta al oyente distraido, interesa al pequeñito que está escuchando o  alcanzara a la persona mas sencilla.

La ilustración no es la carne o la mayor parte del mensaje, pero es la “crema” que a todos les gusta comer con la torta. Como en el ejemplo de la casa con ventanas para traer la luz, así es importante poner algunas ilustraciones en el mensaje para hacer entrar la luz. Una ilustración puede salir de experiencias personales, libros, historias y/o biografías, o cualquier cosa que puede explicar y aclarar el mensaje. Aveces el problema de una lección o un mensaje no es el contenido doctrinal, sino algo tan simple como la falta de una ilustración que explica, revive o aclara.

Que Dios nos ayude como obreros de Dios a poder desarrollar la Biblia y Sus enseñanzas en una forma que haga entender y aplicar las verdades espirituales a las vidas de los oyentes.


Para Servir,
Jeffrey Bush

viernes, 7 de octubre de 2011

La Prédica/Enseñanza #2



Tal vez debería haber usado esta verdad primero en la serie que estamos viendo hablando de la Prédica y la Enseñanza. Seguro que habrá muchas cosas que veremos y habrán  algunos puntos más importantes que otros, pero lo que vamos a estudiar ahora sin duda es tal vez uno de los más importantes. Hoy hablaremos de Bañar Tu Prédica o Lección en Oración

Por más que tengo el mejor bosquejo, preparativos e ilustraciones, si no tengo la ayuda del Espíritu Santo, en vano es el mensaje o lección que entrego a los oyentes. Es Dios el Espíritu Santo que tiene que convencer y obrar en las vidas, nada de lo que puedo hacer en mi carne puede ser suficiente. Y la oración…. pidiendo que Dios prepare a la gente, que Dios me de las palabras necesarias, que Dios nos despierte espiritualmente y que Su Espíritu obre en el tiempo del estudio, es lo que la gente realmente necesita. 

Leí en un libro hace poco que un hombre puso un cartel en su oficina que decía algo así: Si no me preparé por medio de la oración, no estoy suficientemente preparado para predicar.  Sin duda, el predicador o maestro debe prepararse, pasando suficiente tiempo estudiando y poniendo la información necesaria y adecuada pero si no ha orado y pedido la ayuda de Dios, no está suficientemente preparado.  En mi poder, no puedo convencer, cambiar y hacerles sentir la necesidad a los oyentes…. pero Dios si lo puede hacer.  

Jonathan Edwards, predicó uno de los mensajes más poderosos en su tiempo titulado "Pecadores en las Manos de un Dios Airado". Según testimonios del evento, hubo gente llorando y arrepintiéndose y trajo un avivamiento. El mensaje era poderoso, pero lo interesante es que dicen que Edwards leyó todo el mensaje, no miró a la gente, no gritó, no hizo un show…. simplemente leyó un papel. Lo que podemos aprender es que no era Edwards que hizo gran obra o trajo un gran mensaje, sino Dios hizo algo poderoso y usó al mensaje de Edwards.  Y querido amigo, déjame decirte que si Dios no hace la obra, en vano es que estemos hablando delante de los oyentes.

Más que una vez estuve predicando o enseñando una lección y me sentí solo, vi como mi lección no estaba ayudando ni entrando en la mente del oyente. He tenido los pensamientos de  terminar con el mensaje cuando recién lo empecé. Es un sentimiento horrible sentirse que no estás preparado para estar delante del grupo - pero sentir que ni Dios me está acompañando es el peor sentimiento. Antes de subir el púlpito o enfrentar el grupo, debo bañar todo en oración. Dios promete que Su Palabra no volverá vacía, "sino que hará lo que yo quiero" (Isaías 55:11). Dios no promete que Su Palabra hará lo que el predicador quiere, sino lo que Él quiere. Entonces el predicador o maestro será sabio en pedir ayuda a Dios antes de enfrentar su clase o congregación.  Que Dios nos ayude siempre a bañar nuestra lección en oración antes de enfrentar a la gente.


Para Servir,
Jeffrey Bush