viernes, 24 de junio de 2011

Haciéndoles Volver



Si has estado algo de tiempo en la obra del Señor, has visto a algunos alejarse del Camino de Dios. Es lamentable, pero el diablo engaña a la gente y varios terminan alejándose – por trabajo, mala influencia, amargura, por sentirse ofendidos, etc. Mi corazón ha sido quebrantado al ver a la gente salir del camino de Dios, sea por el motivo que sea. Mi deseo es: (1) Presentar unos versículos mostrando lo que Dios opina acerca de los que se alejan de Él y (2) Esperar que Dios nos dé una carga para buscar a estas ovejas descarriadas e hijos pródigos que han salido del Camino.


1.    Hacer Volver a los que Salieron por ser Disciplinados
Aunque hay diferentes opiniones de lo que es la disciplina eclesiástica y quien la merece, creo que todos estaríamos de acuerdo que la Biblia sí habla de la disciplina en la iglesia. En Mateo 18:15-17, cuando el Señor nos habla de la disciplina, dejó claro que la disciplina tiene el propósito de restaurar al hermano. Por su puesto que la disciplina sirve para comunicar a la iglesia que Dios no quiere que un Cristiano viva en pecado, pero el Señor quiere que la persona que estuviese en pecado sea restaurado. Muchas veces, cuando uno es disciplinado, somos culpables de juzgarles por más tiempo que el necesario – pero nuestro Señor quiere que sea restaurado.

Gálatas 6:1 dice: “Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado.” Que Dios nos ayude orar, buscar y ayudar a los que fueron disciplinados para que estén restaurados y regresen pronto al Señor.


2.    Hacer Volver a los que Salieron por ser Engañados
En II Timoteo 2:24-26 habla que el siervo de Dios debe tratar con mansedumbre a otros “por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él”. Aunque estas personas pueden ser cautivas por el diablo porque no son salvas, también hay muchos Cristianos que están engañados por el diablo y se alejan del Camino de Dios. Por ejemplo: hay gente que deja de congregarse por un trabajo que le ofrece más dinero durante el mismo horario de las reuniones. Hay otros que dejan de congregarse por estar peleados con otra persona o por un deporte o por otras actividades. Pero creo que todos nos damos cuenta que más que un trabajo, pelea con una persona, deporte, etc., las personas han dejado de congregarse por ser engañados por mismo diablo. Y Dios quiere usarnos como instrumentos para que los que se alejaron pueden regresar al Camino.

Santiago 5:19-20  lo dice muy claro: “Hermanos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace volver, sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados.”


Dios quiere usar a Sus hijos para que hagan regresar a los alejados. Creo que es muy necesario que nuestras iglesias sean fervientes en buscar a los nuevos, pero creo también que no debemos olvidar de los ‘apartados’ y ‘alejados’. Aunque muchos tienen la razón pues hubo hipocresía en la iglesia o que el pastor les hizo mal o alguien les ofendió, debemos darnos cuenta que es el mismo diablo que se contentó cuando la persona dejó de congregarse. Que Dios nos dé una carga para hacerles volver a los que dejaron el Camino de Dios. Haríamos mucho bien en hacer regresar a las ovejas descarriadas al redil  del Señor.





Para Servir,
Jeffrey Bush

miércoles, 22 de junio de 2011

La Necesidad de tu Cónyuge



Hoy quisiera compartir algo muy cerca de mi corazón – la necesidad del cónyuge.

Gracias a Dios por el versículo de Génesis 2:18 cuando Dios dijo: “No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él.” Que desastre seria de la raza humana sin la mujer, … más bien que desastre seria de mi vida sin mi ayuda idónea! La verdad es que no podría estar donde estoy y hacer lo que hago si no fuera por mi esposa. Puedo dar el testimonio, como muchos otros, que el cónyuge que Dios me dio me ha sido de ayuda y edificación en cada área de mi vida. Pero con grandes privilegios vienen grandes responsabilidades – y el privilegio de estar casado también trae la responsabilidad de tratarle a mi cónyuge como Dios me enseña, y como ella merece. Mas abajo están anotadas algunas maneras en las que podemos mostrar nuestro agradecimiento y apreciación a nuestros cónyuges:


1.    Amar
I Juan 3:18 nos enseña que no debemos amar con palabra y lengua sino de hecho y en verdad. Hay que mostrar el amor. Mi esposa quiere que la diga que la amo, pero prefiere que le muestre con mis acciones.

Si estamos agradecidos a Dios por nuestro cónyuge, debemos mostrarlo. Tal vez la mejor manera de mostrar este amor es darle nuestro tiempo. El tiempo es uno de los elementos más preciosos que tenemos – y regalarlo al cónyuge muestra que le aprecias y le amas. Que sea un tiempo para sentarse y hablar, tiempo para salir y caminar, tiempo para salir a solas y tomar un café, vacaciones, una cita especial,… lo importante es darle de tu tiempo.


2.    Proteger
Aunque este estudio puede servir para el hombre y la mujer, este punto sería mas para el hombre, hablando de proteger a su esposa. Si no protegemos a nuestras esposas, podemos perder nuestras esposas y nuestros ministerios. Es mi creencia que uno puede tener un matrimonio fuerte y ministerio fuerte al mismo tiempo. Es una mentira que no se puede tener un buen matrimonio y un ministerio, que se tiene que escoger uno de los dos. Si aprendemos a poner las prioridades, podemos honrar a Dios con un buen matrimonio y un buen ministerio. Es necesario empezar con el matrimonio… y es necesario que el hombre proteja a su esposa en las siguientes maneras:

A.    Protegerla Emocionalmente
Es mi responsabilidad proteger el espíritu de mi esposa, sus emociones. Si el marido no tiene cuidado, puede lastimar a su esposa emocionalmente.  La crítica, ciertas expresiones y ciertas palabras pueden lastimar emocionalmente a su esposa. El marido sabio va a cuidar cómo trata a su esposa y como otros la tratan para que ella se sienta protegida emocionalmente.

Aun viviendo con la familia puede destruir emocionalmente a una mujer. Tu esposa necesita su privacidad, tu apoyo, tu atención y tu amor. Cuando la esposa tiene que compartir su casa, su cocina, su mesa y su privacidad constantemente con la familia, la puede dañar mucho emocionalmente. Por alguna razón Dios mandó claramente en Génesis 2:24: “dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer”. Vivir con otros va a traer problemas. Un marido sabio es un marido que cuida a su esposa de estas situaciones – protegerla emocionalmente.


B.    Protegerla Económicamente
Uno no tiene que tener mucho dinero para proteger a su esposa económicamente. Protegerla económicamente significa que tú, marido, llevarás la carga y/o preocupación económica para que tu esposa no esté estresada con la economía de la familia. Es entendible que muchas veces nuestras esposas son mas cuidadosas y/o entendidas con los números, pero el asunto es no permitirle a la esposa estar preocupada y estresada por dinero, sino de protegerla económicamente.


C.   Protegerla Físicamente
Todos sabemos que el  marido debe proteger a su esposa de la violencia, las personas y los problemas. A veces las cosas más importantes y cruciales son las cosas mas necesarias. Con un abrazo del marido, la esposa puede sentirse protegida. Con palabras de ánimo, la esposa puede sentirse protegida. Cuando el marido toma el tiempo para orar con su esposa pidiendo la protección de Dios, la esposa puede sentirse protegida. El asunto es que el marido debe buscar la manera para que su esposa se sienta protegida.


Creo que cada obrero diría que está agradecido a Dios por su cónyuge, pero es importante que lo mostremos. Cantares 2:5 nos recuerda de una gran verdad con estas palabras: “las zorras pequeñas, que echan a perder las viñas”. Muchos matrimonios terminan mal por problemitas pequeños (zorras pequeñas). Tal vez podemos evitar estos problemas si paramos y agradecemos a nuestro cónyuge por lo que es y lo que hace. Todos necesitan sentirse necesitados – y no hay ningún otro ser humano tan importante como nuestro cónyuge. Es mi deseo que cada obrero de Dios se dé cuenta de la importancia y necesidad de su cónyuge. Ministrar, vivir, trabajar y continuar es mucho mejor con ayuda. Date cuenta que Dios te dio un cónyuge para acompañarte en la vida. ¡Sé sabio y agradece a tu cónyuge por estar a tu lado!





Para Servir,
Jeffrey Bush

lunes, 13 de junio de 2011

Amando a la Gente



La lección que veremos hoy es algo que todos sabemos, pero no siempre hacemos. La lección tiene que ver con “amar a la gente”. Parece algo muy simple y no tan necesario para estudiar, pero la falta de este elemento importantísimo puede ser la diferencia entre el éxito y el fracaso de nuestros ministerios.

Antes que yo llegase al país de Argentina, estudié mucho sobre el país, sobre la gente y la cultura. Estudié cómo al argentino le gusta su mate, su fútbol y su asado. Me enamoré con la cultura y la gente aun antes de pisar la tierra Argentina. Pensé que sabía lo que era el amar a la gente, pero poco tiempo después de llegar a Argentina, aprendí que el argentino tiene mucho en común con el norteamericano, el peruano y todos los países que existen. El argentino tenía su humor, sus fallas, sus malos hábitos y costumbres – el argentino es un ser humano como todos. Por nada en el mundo estoy hablando mal de un grupo de personas, sino que quiero usar mi ejemplo propio para hacer más clara la lección: el amar a la gente no es una emoción del momento sino una acción constante. Es fácil decir que amamos a alguien, pero hasta que lo mostremos, son nada más que palabras vacías.

Como Cristianos, Dios nos manda a amar a los demás (I Juan 4:7-8, 20-21) y aun nos enseña que el mundo creerá cuando vean el amor de Dios en nuestras vidas. Lamento decirlo, pero mi “amor” por mucho tiempo era nada más que una emoción. Una emoción cambia cuando no es conveniente, pero el amor sigue obrando porque es constante. Amar a la gente no es lo más fácil o divertido hacer, pero es de suma importancia para un hijo de Dios que quiere servir a Dios.

Cuando aprendí a amar a la gente, la gente empezó a aceptarme más. Por su puesto hay tiempo para decir lo que es pecado y malo, pero cuando hay amor, es mucho más probable que la gente conozca y crezca en nuestro Señor Jesucristo. Cuando aprendí a amar a la gente, aprendí que a la gente no le importaba tanto mi apariencia, experiencia y falta de inteligencia – solo querían ver mi amor. El amor puede cambiar una casa destrozada, un matrimonio destruido y gente distanciada de Dios. El amor puede hacer crecer a una iglesia y sus ministerios – tanto en madurez como en número.

Nuestro Señor Jesucristo amó a la gente y nos enseña a nosotros a cómo amarla (Mateo 9:36 y 15:32 es un ejemplo del amor que nuestro Señor que  tiene por la gente). Cada persona en nuestros ministerios es diferente, pero cada persona necesita ser animada, abrazada, respetada, fortalecida y… amada. Que sea rico o pobre o de cualquier nacionalidad, cada persona necesita ser amada – y Dios nos puso en sus vidas para mostrarles ese amor. Es mi intención animar a los lectores que busquen el amar más a las personas que Dios ha puesto en sus ministerios. ¿Cuándo fue la última vez que visitaste a una persona que Dios puso en tu ministerio? ¿Cuándo fue la última vez que llamaste o mandaste un mensaje de texto para animar a una persona? ¿Cuándo fue la última vez que invitaste a una persona a tu casa para tomar café o cenar? ¿Cuándo fue la última vez que escribiste una carta a una persona agradeciéndole por lo que hace o lo que es para tu vida? ¿Cuándo fue la última vez que simplemente mostraste amor a una persona? Es fácil molestarnos, enojarnos y reprender a una persona, pero debemos mostrarle el amor del Señor también. Alguien dijo que por cada vez que reprendas a uno, debes amarle o animarle 10 veces.

Carlos Spurgeon dijo que se puede atraer mas con miel (lo que es dulce) que con hiel (lo que es amargo). Nuestras iglesias, clases, familias y ministerios avanzarán mucho mas con amor que con cualquier otra cosa. El dinero, talento, inteligencia y experiencia no pueden reemplazar el amor. Que Dios nos ayude a mostrar amor a la gente que Él puso en nuestras vidas y ministerios. Que dejemos de decirles que les amamos y empecemos a mostrarles que les amamos.




Para Servir,
Jeffrey Bush

viernes, 10 de junio de 2011

La Hospitalidad


 
La hospitalidad es una característica muy importante para cada creyente, pero especialmente para una persona que está trabajando en el servicio del Señor. La hospitalidad es la “cualidad de hospitalario, acogedor”. Dios quiere que Sus hijos muestren  hospitalidad a otros. Romanos 12:13 manda al Cristiano ir “practicando hospitalidad”. Cuando practicamos la hospitalidad, estamos cumpliendo con el amar al mundo sin Cristo y con el mandamiento de amarnos unos a otros. Practicar la hospitalidad molesta la vida personal y privada de la persona que lo ejerce, pero Dios nos manda practicar la hospitalidad. Abajo están anotados algunos pasos Bíblicos para ayudar al obrero de Dios a mejorar y practicar la hospitalidad:


1.    Dios quiere que practiquemos la hospitalidad los unos con los otros “sin murmuración” – I Pedro 4:9-10
Dios si quiere que ayudemos, que demos una mano y practiquemos la hospitalidad hacia otros, pero Dios quiere que lo hagamos con una buena actitud, sin murmurar. 

En III Juan vs. 5 habla de prestar “algún servicio a los hermanos”. Veremos varios ejemplos Bíblicos de creyentes que prestaron servicios a otros: el aposento que fue hecho para Eliseo (II Reyes 4:10-11) y el matrimonio que ayudó a Apolos (Hechos 18:24-26). Hoy también podemos mostrar hospitalidad prestando servicios a otros (usando el auto para llevar a alguien a la iglesia, usando la casa para invitar a comer y compartir tiempo con alguien, usando nuestro dinero para ayudar a otras familias, … y mucho mas). Dios quiere que mostremos la hospitalidad, pero quiere que lo hagamos “sin murmuración”.


2.    Recuerda que la Hospitalidad es dar en el nombre del Señor y trae recompensa – Marcos 9:41
Cuando la viuda de Sarepta dio lo último de su aceite y harina a Elías (I Reyes 17), en sí estaba dando a Dios… y al final de la historia Dios la bendijo. Y cuando el obrero practica hospitalidad hacia otras personas, Dios lo ve.

En Hechos 20:35, Pablo nos hace recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: “Más bienaventurado es dar que recibir”.  Dando de tu tiempo, bienes, materiales, consejo o ayuda no es un mal gasto de tiempo sino una inversión en la vida de otro.

En Mateo 25:35-36 y 40, se nos recuerda que dando de comer, dando de beber y ayudando a uno de los hijos de Dios, lo estamos haciendo como si fuera a Dios mismo. Aunque es bueno recibir recompensas, es suficiente saber que estamos obedeciendo y agradando a nuestro Dios cuando practicamos la hospitalidad.


3.    Estamos avisados y ordenados: “no olvides la hospitalidad” (Hebreos 13:2)
Debemos de aprender a cómo tratar y hospedar a la gente.  Creo que perdimos muchas bendiciones porque no sabemos cómo ser de bendición a otras personas. 

Si alguien está visitando la iglesia, le debemos saludar con una sonrisa y amor Cristiano, le debemos mostrar dónde se puede sentar, dónde está el baño, presentarle al pastor y a otras personas, sentarnos a su lado, ayudarle a encontrar los pasajes Bíblicos y hacer lo que sea necesario para que el visitante esté cómodo.  Mostrar, practicar y no olvidar la hospitalidad es muy importante en la vida del obrero de Dios. En la iglesia, casa, trabajo y calle, el obrero de Dios no debe olvidarse de la hospitalidad.

En II Corintios 8:12-14, se nos enseña que nuestra abundancia suple la necesidad de los santos. El auto que Dios me dio, la casa que Dios me dio, el dinero que Dios me dio, los talentos que Dios me dio y todo lo que tengo, son instrumentos que Dios me dio para mostrar y practicar la hospitalidad. Que Dios nos ayude a no tener una actitud de no querer ayudar y ser de bendición a otros – ¡no olvides la hospitalidad!




Para Servir,
Jeffrey Bush

martes, 7 de junio de 2011

Guarda tu Corazón



Nuestra lección viene directamente de Proverbios 4:23 – “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida.” Hay muchas cosas que el ser humano guarda y cuida: su dinero, joyas, una carta especial, oro, algún regalo de alguien especial, etc. No es malo que uno guarde y cuide algo, pero el rey sabio, Salomón, nos dice que sobre todas las cosas guardadas, debemos guardar nuestro corazón. El corazón emana y maneja la vida y el Cristiano debe asegurarse que su corazón este bien para no ser guiado al mal.

El corazón representa el centro de nuestro ser y Dios quiere que guardemos nuestro corazón para caminar bien en esta vida. El diablo está atacando demasiado hoy en día a los Cristianos y especialmente a los que quieren ser fieles, amar y trabajar por Dios. El diablo no está matando literalmente a los Cristianos, pero emocionalmente, espiritualmente y anímicamente, está atacando al corazón. Si el obrero de Dios se frustra y desanima, se sentirá que no puede avanzar y servir a Dios – y por esta razón debemos guardar el corazón. El diablo puede tocar y afectar el cuerpo, pero si aprendemos a guardar el corazón, podemos ganar la batalla y seguir fuerte en el servicio del Señor. Te quiero presentar tres pasos Bíblicos y básicos para ayudarte a ti lector a guardar tu corazón:


1.    Pon tus Ojos en Cristo
Dos versículos mas abajo de donde nos dice guardar el corazón, nos dice esto: “Tus ojos miren lo recto, Y diríjanse tus párpados hacia lo que tienes delante” (vs. 25). Si podemos dirigir nuestros ojos a mirar lo correcto, podemos guardar nuestros corazón.

Más adelante en Proverbios 23:26 nos dice que los ojos están conectados a nuestro corazón – fíjate lo que dice: “Dame, hijo mío, tu corazón, Y miren tus ojos por mis caminos.” Dios quiere que le demos nuestro corazón, pero parece que le tenemos que dar nuestros ojos para darle nuestro corazón.

Siendo que la vida no es fácil y está lleno de pruebas, nuestro Señor nos dice que debemos poner nuestros ojos en El (Hebreos 12:2). Y siendo que los ojos están conectados al corazón, seríamos sabios en poner nuestros ojos en nuestro Dios.


2.    Pensar en lo Correcto
En Mateo 15:19 nos dice que “del corazón salen los malos pensamientos” – nuestros pensamientos están conectados al corazón. Si vamos a guardar nuestro corazón, tenemos que aprender a cuidar nuestros pensamientos. Los pensamientos nos animan o nos desaniman, nos levantan o nos frustran, nos ponen contentos o tristes y nos permite enfocarnos en Dios o enfocarnos en los problemas. Si nos enfocamos en lo negativo y en los problemas, nuestro corazón se va alejando. Es por esta razón que Dios nos manda a pensar en lo que es “verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre” (Filipenses 4:8).

Si vamos a guardar nuestros corazones, tenemos que aprender a cuidar nuestros pensamientos – no solo de pecado y perversión, pero también de lo negativo, malo y lo que no edifica.


3.    Guarda la Biblia en tu Corazón
El salmista David dijo “En mi corazón he guardado tus dichos, Para no pecar contra ti” (Salmo 119:11). Si guardo la Palabra de Dios en mi corazón, podría evitar caer en la tentación, pecado, desanimo y problemas. El obrero de Dios que quiere que su corazón esté guiado en el buen camino, tiene que aprender a guardar la misma Biblia en su corazón. La Biblia no nos guiará mal sino que nos enseñará a guardar el corazón para Dios.


El mundo nos dice, “sigue tu corazón”, pero si mi corazón está mal (recordemos que Jeremías 17:9 nos dice que es engañoso y perverso) no voy a poder seguir y servir a Dios. Es de suma importancia que guardemos nuestro corazón para poder avanzar en la vida – pero tenemos que trabajar y esforzarnos para guardar nuestro corazón. Si el Cristiano pone sus ojos en Cristo, cuida sus pensamientos y guarda la Biblia en su corazón, va a poder avanzar por el Señor. ¡Que Dios nos ayude a guardar nuestros corazones!





Para Servir,
Jeffrey Bush

Ojo con la Tecnología

 
La tecnología es muy útil y de mucha ayuda para las iglesias, empresas e individuos. La tecnología permite que uno tenga la librería más grande en el mundo simplemente entrando en internet. La computadora y el internet ofrecen herramientas impresionantes para estudiar, preparar mensajes y crecer en la vida personal. Hay celulares y computadoras de bolsillo que facilitan internet, tienen cámaras, guardan el calendario y apuntes personales, que permiten grabar video y audio y mucho más. La tecnología es tan impresionante que podemos hacer todo en menos tiempo. La tecnología puede ser aprovechada y usada para el bien, pero la triste verdad es que la tecnología no controlada puede ser un aguijón tremendo en la vida del obrero de Dios. Abajo verás unas precauciones para que la tecnología no sea de obstáculo sino de bendición en tu vida:

1.    El Exceso de Uso = Abuso
El internet achica el mundo: con e-mail se puede hablar con alguien que vive muy lejos, con Facebook puedes ver amigos con quienes  perdiste contacto, con Twitter se puede saber lo que otros están pensando y haciendo, con mensajes de texto se puede hablar con una persona constante sin gastar mucho dinero y con teléfonos en red se puede hablar todo lo que uno quiere sin gastar. Todas estas cosas son buenas, pero pasar mucho tiempo mirando la computadora o hablando por teléfono puede ser mas pérdida de tiempo que cualquier otra cosa.

Es impresionante las horas realmente que pasa una persona hoy en día enfrente de la televisión o mirando páginas en internet. El exceso de uso de la tecnología puede hacer a una persona perder mucho tiempo. El obrero de Dios debe usar la tecnología para avanzar, pero debe tener cuidado que no venga a ser un ladrón de su tiempo.


2.    Ojos no Guardados = Alma Lastimada
El internet te permite ver gratuitamente tantas cosas que no afectan la billetera, pero si afectan el alma. El Salmista dijo “No pondré delante de mis ojos cosa injusta” (Salmo 101:3). Nunca pensaríamos en mirar a un hombre matar a una persona en la calle, pero por medio de la tecnología lo vemos. Nunca pensaríamos en invitar a una mujer con poca ropa a bailar en la casa, pero por medio de la tecnología lo permitimos. Lo que miramos afectará nuestra alma.

Job dijo “Hice pacto con mis ojos; ¿Cómo, pues, había yo de mirar a una virgen?” (Job 31:1) y en los siguientes versículos habla de cómo sufriremos y seremos quebrantados por mirar  lo que no debemos. Cada obrero de Dios debe guardar sus ojos para poder guardar su alma.


3.    Internet Libre = Chicos en Peligro
Jamás dejaría un papá pasar peligro por la puerta de su casa, pero por medio de la televisión e internet, estamos dejando mucho peligro entrar en la casa. Cuando dejamos que la televisión, juegos de internet o navegación de internet cuiden a nuestros hijos, estamos buscando problemas. Chicos están jugando juegos o chateando de cosas que lo padres ni saben. Si permitimos que la tecnología educa a nuestros hijos, no nos podemos quejar más adelante cuando salen con ideas equivocadas de homosexualidad, violencia, evolución, que no hay Dios, etc. Dios dio claramente la responsabilidad a los padres de enseñar a sus hijos de Dios (Deuteronomio 6:6-7). Padres, que Dios nos ayude a controlar lo que nuestros hijos miran y hacen para no estar avergonzados mas adelante en la vida.


La tecnología puede ser una herramienta muy útil en la vida de un obrero de Dios… o puede ser una pesadilla y obstáculo en su servicio para el Señor. Que Dios nos ayude a cuidar como usamos la tecnología y que guardemos nuestro tiempo, ojos e hijos de lastimarse con el abuso de la tecnología.



Para Servir,
Jeffrey Bush

lunes, 6 de junio de 2011

Adaptandonos



Un problema grande en el ministerio para el obrero de Dios es el aprender a adaptarse al lugar donde trabaja. Por tiempo pensé que esta verdad era solo para los misioneros extranjeros que tenían que aprender a adaptarse a un nuevo idioma, cultura y costumbres, pero mas y mas estoy aprendiendo que todos los obreros de Dios tienen que aprender a “adaptarse”.

El adaptarse no sólo es para el que aprende un idioma nuevo o el que va a otro país, el adaptarse es aún para el obrero de Dios que trabaja en su propio país. En el mundo en que vivimos hay diferencias entre gente del campo y gente de la ciudad, gente de nivel económico alto y bajo, gente que le gusta deportes distintos, gente que tiene diferencias en la política, religión, trabajo, etc. Cuando un obrero de Dios quiere trabajar con gente, tiene que aprender a adaptarse a la gente y situación donde está trabajando. Por más que la gente con quien el obrero está trabajando son sus paisanos o aun su familia, las opiniones y manera de pensar pueden ser muy distintas a lo que piensa y opina el obrero de Dios.

Por nada en el mundo el obrero de Dios debe dejar de predicar la Biblia, pero la mayoría de las diferencias que tenemos con otros no tienen nada que ver con la Biblia. La manera que fui criado, la manera en que pienso de la política, del trabajo o veo la situación en la sociedad no es la única manera de pensar. Hay cosas que todos debemos aprender para adaptarnos y amar mejor y ganar a la gente con quien Dios nos puso:

1.    Somos Ciudadanos del Cielo,
Si el obrero de Dios es de otro país, es importante que se acuerde que la patria celestial es más importante que su patria terrenal. Dios te puso donde Dios te puso por una razón y el frustrarte o pensar como lo hacen “en tu país”, no va a ayudar en nada.

Pablo era judío que trabajaba con gentiles, pero se adaptaba y les amaba. Pablo no cambiaba la Biblia, pero se hizo uno de ellos para  ganarles. Pablo se preocupó en su ciudadanía celestial mucho más que su ciudadanía terrenal. Hasta en el libro de Gálatas cuando Pedro quiso portarse como judío y gentil al mismo tiempo, Pablo se enojó y le confronto a Pedro.

Filipenses 3:20 nos recuerda: “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;” Seriamos sabios en preocuparnos un poco mas por nuestra patria celestial y no tanto por nuestra patria terrenal.



2.    Debo Cuidar no Ofender a mi Hermano Débil
Pablo mencionaba en I Corintios 8:7-13 y Romanos 12:21 que si comer carne ofendía a su hermano, no lo haría. No había nada de malo con comer carne y podía haber dicho, “Ustedes no saben nada”, pero no quería ofender o ser de obstáculo a otro hijo de Dios.

Hay momentos como obreros de Dios que opinamos diferente o queremos decirle a una persona que no hay ni sentido en lo que dice, pero es mejor callar la boca y no ofender ni ser de obstáculo a otro hijo de Dios.

¿Es realmente importante qué equipo gana o qué plan político pasa si es que mi hermano va a salir ofendido? ¿Es realmente importante opinar cómo hizo la iglesia donde te criaste tú, si al final tu hermano se ofende? Si tomáramos la actitud de Pablo para buscar edificar a nuestro hermano en lugar de ofenderle, podríamos ayudar a mas personas. Tal vez mi opinión no es tan importante si al final se va a ofender mi hermano.


3.    Ser Uno de Ellos
   Si el obrero de Dios se va a adaptar a la situación o la gente, debe ser uno de ellos. Muchas veces tenemos la actitud de “ni loco,  voy a ser como ellos porque yo soy quien soy”. Si el hablar como ellos, pensar como ellos, comer como ellos y hacer las actividades de ellos me va a ayudar a ganarles (obviamente cuando no va en contra de la Biblia), debo hacerlo. Aunque nuestro Cristo fue Dios, era tan judío que parecía ser uno de ellos. Hudson Taylor fue en contra de su cultura y costumbres inglesas para ser chino y ganar a los chinos. Pablo dijo que sería judío a los judíos o sin la ley a los sin la ley para ganarles (I Corintios 9:20). El obrero de Dios debe adaptarse lo mejor posible para amar y ganar a las personas con quienes está trabajando.





Para Servir,
Jeffrey Bush

viernes, 3 de junio de 2011

Misericordia y Verdad



Últimamente en la iglesia estamos estudiando el libro de Proverbios y el Señor me mostró y enseñó una gran verdad… y quisiera compartirlo contigo hoy.

En el libro de Proverbios hay una frase que se repite durante el libro como también en toda la Biblia: “Misericordia y Verdad”. En Proverbios 3:3 dice “Nunca se apartan de ti la Misericordia y la Verdad”. La Misericordia significa: “Inclinación a la compasión hacia los sufrimientos o errores ajenos. Atributo divino por el que se perdonan…” y la Verdad significa: “Juicio o proposición que no se puede negar racionalmente y que es aceptado de forma general por una colectividad”. En pocas palabras, La misericordia perdona y da, mientras que la verdad mantiene la justicia.

En la vida (y especialmente en el ministerio), estas dos calidades son de suma importancia. Necesitamos la verdad para vivir rectamente, guiarnos y hablar con otros – el mundo y las modas cambian, pero la verdad (lo que es y lo que ofrece la Palabra de Dios) no cambia nunca. Para ayudar a una persona, tenemos que saber y hablar la verdad sin ir a la derecha o la izquierda. Pero también necesitamos la misericordia para perdonar, amar y dar otra oportunidad. Mientras que la verdad le dice a una persona lo que tiene que hacer y cómo lo tiene que hacer, la misericordia es la mano que muestra amor y mansedumbre. La verdad es que merecemos el infierno, pero la misericordia es que Dios mandó a Su Hijo para pagar nuestras deudas y perdonarnos. La verdad es que uno tiene que dejar su pecado, pero la misericordia da la fuerza y ayuda para hacer lo correcto. La verdad tiene que ser publicada y predicada, pero la misericordia tiene que estar presente y manifestada.

Proverbios 16:6 dice “Con misericordia y verdad se corrige el pecado”. Nunca es agradable tener que enfrentar un problema o pecado, pero el obrero de Dios tiene que ayudar y poner en orden lo que sucede en la obra de Dios. Nadie quiere enfrentar los problemas o pecados porque no sabemos como la otra persona va a reaccionar… tal ves se enoje o tal ves se arrepienta y arregle la situación. Pero cuando tenemos que “corregir” algo, la mejor manera es lo que nos dice en este versículo – con misericordia y verdad. Una vez más recordemos que la verdad es lo  fija, lo que no cambia:
  1. La Palabra de Dios – Salmo 119:89; Isaías 40:8; I Pedro 1:23-25
  2. Lo que dice Dios – Romanos 3:4
Pero la misericordia es “compasión, atributo divino por el que se perdonan y remedian los pecados y sufrimientos”. La misericordia es un atributo que tiene Dios y que nosotros como Sus hijos debemos tener también. Entonces vemos que para corregir el pecado, necesitamos un balance entre la verdad y la misericordia. Fijate en estos versículos:
  1. I Pedro 3:15 – “presentar defensa (la verdad) con mansedumbre (usando misericordia)”
  2. II Timoteo 2:25-26 – “que con mansedumbre corrija”

El obrero de Dios que quiere hacer la obra de Dios debe tener estas dos cualidades presentes cada día de su vida. Que Dios nos ayude a hablar la verdad, pero a hablarla con misericordia. Lastimaremos a menos personas y haremos más efectiva la obra de Dios cuando ponemos en práctica esta ecuación Bíblica y sabia.


Para Servir,
Jeffrey Bush

Delegación


En Éxodo 18 tenemos la historia de  Jetro dando una gran lección a su yerno Moisés sobre la delegación. Muchas veces escuchamos la palabra delegar y deseamos hacerlo, pero lo negativo es que tenemos un concepto falso de lo que realmente es  delegar. Un obrero de Dios debe aprender a delegar en el ministerio, pero si no entiende lo que realmente es, hará más mal que bien. Delegar puede ser un tremendo dolor de cabeza o una gran bendición… dependiendo si  entendemos su  verdadero significado. Vamos a ver algunos principios según Éxodo 18 de lo que es la verdadera delegación:

1.    Delegar es Darme Cuenta que no Puedo Hacer todo Solo
En el vs. 18 Jetro dijo a Moisés: “no podrás hacerlo tú solo”. Moisés era el hombre de Dios, el líder que Dios puso para sacar y guiar el pueblo de Israel… pero por más que era  el líder, no pudo hacer todo solo. A veces el obrero de Dios piensa que es especial y que es el único que puede hacer el trabajo. Si pensamos que somos el regalo de Dios y el único que puede hacer la obra, pronto el orgullo entraría y al final nos destruiría. Todos necesitamos ayuda… y el darnos cuenta que necesitamos a otros nos haría muy bien.

2.    Delegar NO significa Menos Trabajo
Muchos tienen la idea equivocada pensando que delegar algo significa que no tiene que trabajar más, pero el delegar muchas veces requiere más trabajo que el no delegar. Es más fácil no delegar y hacerlo solo que delegar y ayudar a  que otro haga bien su trabajo. Fíjate lo que dijo Jetro a Moisés en el vs. 20: “enseña a ellos las ordenanzas y las leyes, y muéstrales el camino por donde deben andar, y lo que han de hacer.” No dice enséñales y ya está, sino enséñales y muéstrales. Parece que Moisés tenía que supervisar para ver que los nuevos jefes estaban guiando bien al pueblo.

En Hebreos 13:17 se nos enseña que los pastores velan por las almas de la gente en la iglesia. El obrero de Dios tiene una responsabilidad grande delante de Dios para enseñar y guiar el grupo que Dios le dio… y delegando una responsabilidad no quita  su responsabilidad, más bien significa que tiene que supervisar y cuidar que el nuevo encargado este haciendo bien su trabajo.

3.    Delegar significa Confiar en Otros
En los vs. 21 y 22 Jetro dijo a Moisés: “escoge tú de entre todo el pueblo varones… y ponlos sobre el pueblo por jefes… Ellos juzgarán al pueblo…”. Moisés no escogía a cualquier persona, más bien a personas con las calidades específicas para poder juzgar y ayudar al pueblo. Cuando el obrero de Dios delega una responsabilidad a una persona, debe ser a una persona de confianza y capacidad que puede ser de ayuda a los demás. El delegar no es quitarme una responsabilidad de encima sino es confiar una responsabilidad a una persona que puede ser de ayuda para otros.

En Efesios 4:11 vemos que Dios puso a ciertas personas en la iglesia “a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio” (vs. 12). El obrero de Dios fue puesto por Dios para hacer la obra del Señor, pero no lo puede hacer solo y necesita confiar el trabajo en manos de personas preparadas que pueden ayudar a los demás. La obra del Señor será bendecida mucho cuando delegamos con entendimiento Bíblico.





Para Servir,
Jeffrey Bush